lunes, 24 de mayo de 2010

Acun Enrique Geng Chi

No compartimos la idea de los homenajes póstumos, sólo nuestra gratitud infinita porque Acun estuvo presente los primeros años de nuestras vidas.

Ayer cumplió 94 años, y casi 4 desde que partió, pero esta presente siempre.

Guardamos esta tarea de colegio que redactó Laylencita hace un par de años y la compartimos con ustedes.

Rocio Geng



Mi niña “china-andina”, me dice orgullosa mi madre , y así me siento, orgullosa de mis raíces. Esa mezcla que yo considero fabulosa la logró mi abuelo cuando sus padres nacidos en China decidieron venir a Perú en barco, un largo viaje de casi tres meses que Acún lo hizo cómodo en el vientre de su madre.

Mi Acun (mi adorado abuelo) se casó tarde por trabajar duro, pues su familia se quedó en China. Cuando nací él casi tenía 80 años y su amada esposa ya había partido al cielo. Para mamá no hubo persona de mayor confianza para cuidarme que Acun…… claro si él la había engreído tanto cuando me esperaba que la hizo muy feliz.

Soy su primera nieta, y cuando nací mis padres decidieron registrarme con un solo nombre, sencillo y asociado con la naturaleza: Rocio, pero cuando Acun me miró la primera vez, me nombró : “Lay-Len” (belleza diáfana) . Y asi fue, es el nombre con el que me identifico, él lo determinó con su dulzura de siempre. También determinó muchas cosas en mi vida: mi paciencia , mi perseverancia, mi sensación de paz, mi interés por la pequeña empresa, mi amor por las artes, por la danza, por la música, mis gustos culinarios. Sus sopas llenas de semillas eran fabulosas, sus acertados tratamientos de medicina china han variado muchas recetas de mis padres médicos.

En gran parte por Acun me inicie en las danzas chinas, y a pesar de tener como 90 años él hacia lo imposible por no perderse ninguna de mis presentaciones, la ultima vez me vio bailar la "danza del Tai" y otra vez lo percibí embelezado como tantas veces. En ese tiempo también bailaba marinera norteña y el me confeccionó una complicada falda de mas de 2 metros de diámetro, nada era imposible para él.


Partió en paz, el mismo año en el que yo viaje a la China, se que se enteró en el cielo y que otra vez me miró dulcemente sabiendo lo fácil que me fue entender la cultura china con todo lo que él me había contado. Lo que me enseñó de cantonés lo aplique en Guanzhou, aún lo practico con papá pues era como se comunicaba con Acun.

Entendí su gran energía, no me sorprendíó que diario en las plazas de China personas de todo tipo comunes, ejecutivas, estudiantes practicaran Tai-Chi , que no tomaran leche y solo como él tomaban té de todos los colores y también la seriedad y perseverancia con que los chinos realizan cualquier actividad (yo tenía 6 horas diarias de danza china hasta domingos).

Cierro mis ojos y te veo Acun practicando tu caligrafía con ese viejo punzón de tinta china , que ensayé yo con tanta dificultad.

Abro mis ojos y para sorpresa de los que te conocieron si estas…..en mi sonrisa, en mi modo de ver la vida.

Lay-Len Geng